En un viaje a Washington, el expresidente François Mitterrand quedo seducido por la entonces nueva ala de la National Gallery, que Pei construyó en 1978, cinco años antes de ganar el premio Pritzker. Por esa razón, decidió encargarle el proyecto de acceso al museo del Louvre en 1983 al arquitecto Ieoh Ming Pei que hasta ese momento había construido en su mayoría proyectos únicamente en Estados Unidos.

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Pei partió de una simple constatación: el Louvre era un “museo extraño” porque su entrada era lateral, lo que la hacía “invisible”. Necesitaba una entrada central, y el arquitecto se la dio: una pirámide de cristal de 21 metros de alto que, en plena explanada, daba acceso a un complejo subterráneo.

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La presentación de la maqueta desencadenó una oleada de críticas dirigidas por los diarios Le Monde y Le Figaro, las cuales iniciaron desde mucho antes de ser abierto al público el 29 de marzo de 1989.

Jean-Luc Martinez, presidente del Louvre, comentó que recientemente se transformó el vestíbulo bajo la pirámide, con el beneplácito del arquitecto, ya que este espacio había sido concebido para recibir unos dos millones de personas al año, frente a los nueve millones actuales.

La obra de Pei se elevó al rango de icono, como la Gioconda, La Venus de Milo o la Victoria de Samotracia. Siendo un emblema de París en el mundo.

El pasado 26 de abril, el arquitecto Ieoh Ming Pei nacido en 1917 en Cantón, China celebró sus 100 años. Pei fue formado en el Instituto de Tecnología de Massachussetts y Harvard, además fue pupilo de Walter Gropius, fundador de la escuela Bauhaus.