Desde que somos pequeños, nuestra familia, la escuela, la televisión y muchos otros medios nos “bombardean” con distintos mensajes y símbolos que, de alguna u otra manera, comenzamos a hacer propios: desde la bandera tricolor con el escudo nacional, hasta cantantes populares que, con la melodía de ciertos temas musicales aunados a fechas de suma importancia colectiva, comienzan a generar experiencias y recuerdos que, ya sea al negarlos o reconocerlos, se transforman en lo que posteriormente entenderemos como nuestra identidad, tan única como cada persona.

 

Identidad Ciudad de México

De acuerdo con la Real Academia Española, la identidad se refiere al conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás, y aunque estrictamente se refiera a una cualidad humana, pareciera ser que ciertos hitos arquitectónicos en diversas partes del mundo cobraran vida y se conjugaran conforme a su contexto de manera que se olvidan que están hechos con acero, concreto, madera o cualquiera que sea su esqueleto, para convertirse en una entidad que comparte el aire, el sol y la tierra con las personas que se adentran en su profundidad día con día.

Catedral Ciudad de MéxicoDe este modo, la configuración de las ciudades a través del tiempo no sólo han dejado un legado histórico que nos sirve para entender cómo se ha generado el espacio que conocemos actualmente, sino que también nos ayuda a entender y formar una identidad arquitectónica basada en la misma comunión de características desarrolladas durante varios siglos, como lo refiere el arquitecto Sergio Padilla Solís en el libro Seis Ciudades Mexicanas.

 

“Las ciudades de fundación colonial fueron un cimiento importante de la red urbana actual del país ya que, a través del tiempo, se han construído como una herencia urbano-arquitectónica invaluable que se ha acrecentado por las aportaciones -o destrucciones- que cada época inexorablemente impone. (…) cada uno de estos centros coloniales son el corazón funcional, político y religioso de las ciudades contemporáneas, son espacios de identidad muy entrañables para sus habitantes”.

A partir del siglo XX, la configuración de lo que ahora reconocemos como nuestra Ciudad de Alameda Ciudad de MéxicoMéxico comenzó a gestarse a través de distintos eventos políticos, sociales y económicos como la Revolución Mexicana, que además de las repercusiones ya “entendidas”, existieron otras que influenciaron las actividades que se realizaban en dicha extensión territorial, que de acuerdo con la participación en el texto antes mencionado de la Doctora Elizabeth Espinosa Dorantes, especialista en Composición Urbana, los rasgos urbanos más sobresalientes del primer tercio de 1900, se derivan de las innovaciones tecnológicas del transporte público y privado, como trenes, tranvías y la posterior llegada y propagación del automóvil.

“La construcción del Sistema de Transporte Colectivo ‘metro’ (1969) propició nuevas condiciones formales y estructurales a la metrópoli como: referencias para la ciudad a través de la construcción de estaciones, introducción de nueva infraestructura, agilidad en el desplazamiento de la fuerza de trabajo, y la conexión de industriales y zonas habitacionales”

.Metro Ciudad de México

Si entendemos a la Ciudad como un ente en transformación y con vida que refleja la de sus sus propios habitantes, se torna en más que un concepto concreto que podemos observar y en el que podemos vivir, sino que también cohabita con otras ideas más abstractas que refieren a los ya mencionados sistemas políticos, sociales y económicos a través de los cuales, aunados a todas las características formales, generan la identidad por la que tanto hemos luchado, que si bien, es cierto que pudiera no ser del todo incluyente, formula las bases de decisiones sobre las que se debe seguir trabajando.