Desde las últimas décadas, los teóricos de la arquitectura moderna han sostenido que el espacio y la función separan a la arquitectura del resto de las artes. Sin embargo, las definiciones de arquitectura como espacio y forma superponen una actividad multidisciplinaria que han enriquecido más su significado.

El  irónico contraste de una ciudad comercial construida como un oasis en medio de un desierto, hace de Las Vegas uno de los destinos turísticos globalmente más visitados  por su diversidad de actividades para el ocio y  la recreación.

Robert Venturi hizo una crítica en su libro Aprendiendo de Las Vegas (1977) como un fenómeno de comunicación arquitectónica, en el que la arquitectura se vuelve literal y se convierte en un anuncio “habitable”. Una ciudad que posiblemente represente de manera sarcástica el estilo y tendencia de la vida de la ciudad posmoderna.

El juicio de los arquitectos respecto a la arquitectura moderna y su entorno parece ser siempre insatisfecho ante las condiciones existentes, lo que orilla a la búsqueda del cambio constante y mejora del mismo.

Como una arquitectura escenográfica, Venturi interpreta a Las Vegas como un método de persuasión comercial a través de sus fachadas, más que por su contenido. La arquitectura de Las Vegas se interpreta como símbolo que domina el espacio y a la forma como expresión de lo que contiene. La forma se visualiza aquí como un sistema de comunicación en el que se crean conexiones verbales y simbólicas a través de un espacio que expresa una complejidad de significados, al grado de cuestionarse si:

¿Se decora la construcción o se construye la decoración?

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La arquitectura empleada en la ciudad del ocio es meramente comunicativa, el simbolismo sobrepasa la forma arquitectónica. Si se interpreta la ciudad como Lynch (1960) que analizaba la identidad y los componentes formales que construyen el sentido de pertenencia de las personas, en Las Vegas todo lo que se construye es decoración y aunque realmente es una ciudad de paso, un escape de la realidad para el turista, conviene analizar como el simbolismo da identidad a esta ciudad en la que la arquitectura se presenta como mercancía y los signos propios de la ciudad influyen sobre la carretera mucho más que los mismos edificios.

La arquitectura en este paisaje se convierte en símbolo en el espacio en lugar de forma en el espacio. Las fachadas se cubren de extravaganza y la monumentalidad arquitectónica con la intención de dominar su contexto para envolver al visitante, mientras se esconde otra cara de la ciudad y de la vida cotidiana.

Se manifiesta una arquitectura tipo Strip, para atraer gente de todas partes del mundo, mostrando el valor del simbolismo y la alusión en una arquitectura del espacio vasto y de habitabilidad efímera. A fin de cuentas esta ciudad fue diseñada para cumplir una función, y hasta cierto punto es funcional a pesar de que parezca aberrante ante los juicios del modernismo. El mensaje que comunican las fachadas cumple una función comercial separada al interior de los edificios.

Las Vegas carece de una identidad cultural, pues se fija como una representación efímera y experimental de quien la visita, pero las diversas interpretaciones que definen a las ciudades buscarán siempre un estigma que las diferencie de otras, por su función o por el mero simbolismo que éstas representan.

Las Vegas