Científicos del grupo de investigación ‘Ingeniería Química y Ambiental’ de la Universidad de Jaén (España) han fabricado ladrillos compuestos principalmente por cenizas de poda de olivo y de pino que presentan una mayor porosidad y menor conductividad térmica en comparación con los tradicionales de arcilla. Además, el empleo de materiales de desecho reduce el impacto medioambiental durante su producción.

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Los investigadores han desarrollado pruebas piloto en laboratorio con ladrillos de un tamaño menor al convencional (60×30 centímetros) y han utilizado por separado dos tipos de cenizas en su composición: Las cenizas de fondo, es decir, aquellas que tienen mayor tamaño de partícula y las cenizas volante, con un menor tamaño de partícula.

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Para que estos ladrillos puedan emplearse en la construcción, los investigadores han establecido que deben contener un 20% de cenizas de fondo o un 10% de cenizas volante como cantidad recomendada. Según los investigadores, el siguiente paso es construirlos a tamaño real y comprobar si siguen manteniendo las mismas propiedades a escala industrial.

Eliminación del proceso de cocción

Las otras dos partes del estudio, en las que actualmente están inmersos los investigadores, se centran fundamentalmente en la eliminación de la fase de cocción de estos elementos cerámicos. Este paso es el más costoso de toda la fabricación y a su vez, el más contaminante desde una perspectiva medioambiental.

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Estos diferentes ensayos se están realizando paralelamente con cenizas de diversos materiales (cáscara de arroz, tableros de madera, hueso de aceituna y poda de pino y olivo) con el fin de determinar qué tipo es el más adecuado en la eliminación de la fase del proceso productivo.

Estas pruebas las están contrastando con la fabricación de ladrillos sílico-calcáreos (compuestos tradicionalmente por una mezcla en agua de cal y arena fina) que se moldean a presión y no necesitan cocción, puesto que se endurecen con vapor o inmersión en agua. También están tratando de conseguir nuevos materiales cerámicos, como los geopolímeros, para buscar así una alternativa al cemento portland que durante su obtención libera gran cantidad de dióxido de carbono.