Venimos arrastrando una formación educativa en la que estamos acostumbrados a que los factores externos dirijan nuestra motivación, no para aprender sino para alcanzar un fin. Desde nuestra educación básica se percibe una enseñanza mecanizada, en el que los alumnos reciben la información y ellos lo aprenden de la misma manera, mecánicamente o por memorización, sin comprender realmente la utilidad del conocimiento adquirido.

Se puede pensar que el joven que llega la Universidad, en primera instancia ya muestra un interés por la carrera de arquitectura, sin embargo muchas veces llegamos con esta tendencia de aprendizaje y volvemos a repetir patrones, erróneamente movidos por incentivos externos, como cumplir con una buena calificación. Frecuentemente la demanda de tiempo de la carrera lleva a los estudiantes acudir a ciertos atajos con tal de cumplir con las entregas. La capacidad de una persona no se mide por una calificación, sin embargo la evaluación, según los pedagogos, es un instrumento para regular el proceso de aprendizaje.

Es importante que el alumno identifique su verdadera motivación por la carrera de arquitectura, qué fue lo que lo llevó a sentarse frente a un restirador observando líneas y escuchando a un profesor experimentado sobre la construcción, materiales y obra.

Cuatro años en la academia no nos hacen arquitectos, son cuatro arduos años por lo menos, de entrenamiento a un ritmo exhaustivo de trabajo y de tiempo invertido en proyectos, maquetas y múltiples planos que parecen no tener fin más algunas clases teóricas apenas para aprender vagos conceptos de lo que nos dicen que es la arquitectura.

Estudiantes de arquitectura

Pero…¿Quién puede definir la arquitectura sino aquél que realmente la vive y puede palparla?

El profesor arquitecto desempeña un papel importante para estimular la motivación del alumno. Pero no todos los docentes, aún en nivel licenciatura muestran el interés por motivar a los alumnos, mucho menos cuando los grupos superan el número de alumnos que un profesor puede atender. Pocos son los que logran transmitir una consciencia en el aprendizaje en los estudiantes de arquitectura, esto implica también en el diseño de actividades académicas que enriquecen el aprendizaje mediante experiencias propias de los alumnos.  No todo se logra aprender desde el restirador, ni con saber dibujar líneas en Autocad. Hace falta que en la academia  alguien llegue y enseñe algo tan básico como colocar un muro de tabique, sólo así es como el alumno logra comprender lo que representa una línea en el espacio real a una escala real.

El docente más que resolver dudas debería inculcar a sus alumnos el deseo de comprender y desarrollar habilidades durante su formación, aunque este implique el camino largo, vale la pena invertir tiempo, interés y constante observación.

Como estudiante, no te quedes con lo aprendes en tus clases, busca libros, introdúcete en los despachos de arquitectura, y si, aprende a usar programas de software por tu cuenta, pero involúcrate en la obra, pregunta constantemente y aprende humildemente de los albañiles, porque si alguien sabe de colocar ladrillos y echar el colado, quien mejor que un obrero. Busca todos los recursos y herramientas a tu alcance que te ayuden comprender mejor la arquitectura.

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El verdadero aprendizaje consiste en adquirir el conocimiento que le permita al estudiante de arquitectura efectuar en la praxis, aquél que brinda las herramientas para resolver problemas reales y no sólo trabajos académicos.