Cuando hablamos de educación, la referencia directa en la mayoría de los casos se dirige hacia escuelas o espacios dedicados al estudio; sin importar la edad, pensamos que la mejor manera en que se pueden desarrollar estas cualidades y las distintas habilidades cognitivas es en las aulas, que pese a que juegan un papel de suma importancia en la configuración intelectual, no se limitan a dichas opciones.

Aunque la definición más simple de la educación nos remite al proceso de crianza, enseñanza y doctrina proporcionada a los niños y jóvenes, podemos profundizar a través de una acepción más amplia para generar un criterio reforzado a través de la presencia multidisciplinaria en la que el aprendizaje no se limite a una relación docente, sino que también pueda propiciarse en distintos espacios que fomenten el desarrollo mental e integral del ser humano, sin importar que el usuario tenga 5 ó 50 años.

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La arquitecta catalana Marta Rojals del Álamo, destaca en su libro Design for Fun: Playgrounds que

“tendemos a percibir las actividades de juego como una actividad sin seriedad, cosas de niños, sin trascendencia ni objetivos. Sin embargo, debemos recordar cuánto aprendimos durante nuestros primeros años jugando. El aprendizaje y el juego son fundamentales para el desarrollo de un niño, por lo que proveer buenas oportunidades de juego se convierte en una manera directa de contribuir el alcance de esta imprescindible meta en su primera etapa de vida”.


De esta manera, podemos observar cómo durante la última década, los espacios de recreo y convivencia para niños y jóvenes en la Ciudad de México han tomado cierta importancia en las tareas de desarrollo urbano, como el planteado en 2013 por el programa Parques Públicos de Bolsillo, a cargo de la Autoridad del Espacio Público y presentado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, el cual busca que todo ciudadano tenga un espacio público, seguro, activo y accesible en la Ciudad de México, inaugurando un parque modelo en la Plaza de la Constitución y que contempla la intervención de aproximadamente 150 espacios a nivel de recuperación y renovación a partir de áreas remanentes de vialidades y urbanos menores a 400 metros cuadrados.

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De acuerdo con los lineamientos para el diseño y la implementación de Parques Públicos de Bolsillo, éstos tienen el objetivo de mejorar la calidad de vida y la imagen urbana de los barrios en los que se emplazan, a una escala pequeña pero muy visible, mediante la recuperación física de los espacios y la generación de actividades que promuevan la convivencia social y la conformación de vida comunitaria, posibilitando una mejora en los niveles de seguridad y bienestar en las personas.

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Aunque iniciativas como el programa de Parques Públicos de Bolsillo pueden mostrar las bases para la conformación de espacios que fomenten, a través de la vinculación de sus usuarios, un sentido de identidad y comunidad además de promover el desarrollo cognitivo y motriz de los mismos, aún queda un amplio camino por recorrer, ya que la mayoría de estos proyectos se han concebido como rescate de las áreas de uso común realizados con base en una normativa que más que promover la creatividad, conduce a arquitecturas prefabricadas con soluciones limitadas.